El crucero MV Hondius sufrió un brote de hantavirus (REUTERS/Borja Suarez)El capitán, con semblante sombrío, tenía malas noticias para la gente reunida en el salón del MV Hondius. Uno de sus compañeros de viaje había muerto.“Por trágico que sea, creemos que se debió a causas naturales”, les dijo el capitán, Jan Dobrogowski, el 12 de abril. Añadió que el médico del barco había dicho que el hombre “no era infeccioso, así que el barco está a salvo”.PUBLICIDADMenos de dos semanas antes, el capitán había convocado al mismo grupo para un brindis de celebración, cuando el Hondius zarpó de Argentina para navegar por el Atlántico sur en busca de observación de aves y fauna salvaje en algunas de las islas más remotas del mundo.Ahora, los pasajeros consolaban a la viuda del fallecido, la neerlandesa Mirjam Schilperoord-Huisman, de 69 años. Ella y su marido, Leo Schilperoord, también de 69 años, habían cruzado Sudamérica en busca de aves poco comunes. Algunos le preguntaron a Schilperoord-Huisman si preferiría que el viaje se acortara.PUBLICIDAD“Todo el mundo está aquí con un propósito”, respondió, según Ruhi Cenet, un documentalista turco que viajaba en el barco. Ella instó a sus compañeros observadores de aves a seguir adelante porque su marido “habría querido que yo hiciera lo mismo”.En pocas semanas, otros dos pasajeros, entre ellos Schilperoord-Huisman, morirían. La causa, según las autoridades de salud, fue casi con toda seguridad la cepa Andes del hantavirus, una familia de virus transmitidos por roedores que pueden contagiarse entre humanos.PUBLICIDADDurante las semanas siguientes, un mundo aún traumatizado por la pandemia de coronavirus observó con ansiedad cómo los pasajeros y la tripulación del Hondius, procedentes de al menos 23 países, vivían la pesadilla náutica de un posible brote en lugares cerrados, muy adentro en altamar.Mientras las autoridades de salud trataban de contener el virus, comprender cómo había subido a bordo y rastrear los contactos de los pasajeros que habían desembarcado, la gente del barco describía su viaje en entrevistas y publicaciones en las redes sociales. Fue un viaje, con un precio aproximado de entre 8000 y 27.000 dólares, que empezó con la promesa de ver la vida silvestre en la naturaleza y terminó con equipo de protección y cuarentenas.PUBLICIDADEl Hondius y la mayoría de sus pasajeros navegaron finalmente a Tenerife, en las Islas Canarias, donde los dirigentes locales hicieron todo lo posible para impedir que llegaran, para lo que sugirieron incluso que las ratas podrían nadar hasta la orilla y traer consigo el virus.Hasta el viernes, dijo la Organización Mundial de la Salud, se habían detectado al menos 10 casos —ocho confirmados y dos sospechosos— de hantavirus en el barco. Dijo que dos de las tres muertes se habían atribuido al virus, y que se sospechaba firmemente que este había causado la tercera.PUBLICIDADLa OMS detectó al menos 10 casos de hantavirus en el crucero (REUTERS/Hannah McKay)En todo el mundo, decenas de personas se han visto obligadas a permanecer en cuarentena por si desarrollan síntomas durante el periodo de incubación del virus, que puede ser de hasta seis semanas. En Estados Unidos, donde 18 personas del barco se encontraban en instalaciones especiales, las autoridades de salud dijeron el jueves que estaban vigilando a otras 16 personas que habían estado en un vuelo con alguien que se sabía que estaba infectado, así como a siete más que abandonaron el crucero en abril.Los funcionarios de salud pública han subrayado que la amenaza para el público en general es baja, para lo cual se basan en lo que se sabe sobre el virus y el contacto cercano y sostenido que suele ser necesario para propagarlo. Sin embargo, los científicos que han estudiado el virus durante décadas advierten que este es impredecible y que, en determinadas circunstancias, puede transmitirse sin contacto directo.PUBLICIDADDurante el mes pasado, el espectro de otra pandemia enfocó la atención del mundo en un único viaje en crucero. Este comenzó con pasajeros que compartían el bufé del desayuno, se sentaban juntos durante las conferencias sobre fauna y astronomía y hacían fila para los conos de helado. Pero una vez que se divulgó la noticia del hantavirus, se retiraron al aislamiento para evitar un patógeno invisible que se había vuelto tan palpable como el oleaje que pasaba debajo de ellos.El Hondius, que navega bajo bandera neerlandesa y lleva el nombre de un cartógrafo flamenco, fue construido para navegar por aguas heladas y llegar a algunos de los lugares más recónditos del mundo. Atrajo a amantes de la naturaleza deseosos de avistar delfines cruzados, lobos marinos, ballenas y pingüinos variados y aves migratorias poco comunes. También se sumaron conferencistas y guías.PUBLICIDADEl barco inició el viaje el 1 de abril en Ushuaia, Argentina, y los pasajeros desembarcaron en varias islas. Algunos se unieron al viaje solo para algunas partes de la ruta.Entre los pasajeros se encontraban un observador de aves turco que se hacía llamar “detective de aves”, un influente de viajes estadounidense y la desafortunada pareja de los Países Bajos.PUBLICIDADEn su pueblo neerlandés de Haulerwijk, el jardín de la pareja lindaba con el bosque. Paseaban por las tranquilas y ordenadas calles en busca de pájaros, con los prismáticos normalmente colgados del cuello de Schilperoord, dijo Jan van Schepen, un vecino. “Viajaban mucho”, dijo.En los meses anteriores a que la pareja se embarcara en el crucero, habían recorrido Sudamérica en una autocaravana en busca de aves silvestres. El 6 de febrero, en Algarrobo del Águila, Argentina, avistaron 36 especies, entre ellas la viudita picoplata y la bandurrita chaqueña.El Hondius fue construido para navegar por aguas heladas y llegar a algunos de los lugares más recónditos del mundo (EFE/Ramón de la Rocha)
De admirar la naturaleza a sufrir una pesadilla: así vivieron el brote de hantavirus los pasajeros del MV Hondius
El buque hizo saltar las alarmas en un mundo aún traumatizado por la covid. Para los que iban a bordo, el peligro estaba mucho más cerca














