Controlar su actividad se usa desde hace tiempo para epilepsias y algunos dolores de cabeza. La investigación busca tratar desde ahí también otras muchas patologías muy diversas
Quizá se haya encontrado en algún momento publicaciones en redes sociales que hablan de un nervio cuya estimulación podría resolver todos sus problemas de salud física y mental. Su nombre parece contradecir todo ese potencial que llena reels en Instagram, infografías en Facebook, libros de divulgación y artículos científicos. ¿Cómo va a ser vago ese nervio que parece milagroso? ¿Y cuánto de verdad hay en todo eso que se le atribuye?
Empecemos por su nombre. Ese adjetivo con el que se conoce al décimo par craneal (hay doce en total) no se refiere a una supuesta ociosidad: vagus significa en latín errante o vagabundo y nombra a este nervio por ser “el más extenso de los pares craneales”, explica Jaime Gonçalves Sánchez, doctor por la Universidad de Salamanca con una tesis sobre su estimulación. Esa extensión se entiende mejor con la enumeración de algunos de los órganos que inerva: “epiglotis, laringe, faringe, esófago, tráquea, pulmones, corazón, órganos gastrointestinales hasta el colon ascendente”, señala el experto, que añade que todo esto hace que participe en procesos tan dispares “como la regulación de la función cardíaca, la fonación o la digestión”.






