Una embarcación partió del sur de Argentina con pasajeros dispuestos a explorar la Antártida y terminó fondeada frente a las costas de Cabo Verde con la tripulación confinada y sin un plan claro

20 de marzo de 2026. Sur de la Patagonia. Las aguas del canal de Beagle, que separan las tierras argentinas de las chilenas, no superan los 9ºC. Un barco con 149 personas a bordo, 14 de ellas españolas, está a punto de zarpar desde el puerto de Ushuaia, la ciudad más austral de Argentina. No es un viaje de exploración científica, es una experiencia turística al fin del mundo por la que cada pasajero paga entre 17.730 y 28.845 dólares (entre 15.166 y 24.674 euros), en función de las comodidades contratadas. El primer destino será la Antártida. Aún queda más de un mes para llegar a las playas paradisíacas de Cabo Verde. La ruta que empieza entre glaciares termina en las playas de palmeras y arena blanca del conocido como Caribe africano.

Pero el 4 de mayo, la fecha programada para desembarcar en el puerto de Praia ―capital de Cabo Verde― la tripulación se encuentra con un puerto que les niega el acceso después de que un brote de hantavirus encendiera las alarmas de los organismos de Salud.

Hasta el momento han muerto tres personas, pero solo se ha confirmado que uno de estos fallecimientos haya sido por esta enfermedad. En total, la Organización Mundial de la Salud contabiliza siete casos de contagio de hantavirus: dos confirmados por laboratorio y cinco considerados sospechosos.