La pareja holandesa que tuvo los primeros síntomas recorrió Argentina, Chile y Uruguay antes de embarcarse en el ‘MV Hondius’

A siete kilómetros del centro de Ushuaia está el basurero que recibe los residuos de la ciudad más austral de Argentina. El lugar, evitado por sus habitantes, es, en cambio, un punto de peregrinación de observadores de aves de todo el mundo. Llegan en busca de una figurita difícil, el matamico blanco. Los restos de comida atraen a esta elegante ave carroñera, de color oscuro, garganta blanca y una intensa franja naranja en la cara. Por allí pasaron varios de los cerca de 150 turistas que el 1 de abril se embarcaron en el MV Hondius rumbo al archipiélago de Cabo Verde, entre ellos el matrimonio holandés que fue el primero en presentar síntomas de hantavirus en alta mar. Se sospecha que ellos pudieron transmitírselo a otros ocupantes de la embarcación. Hasta ahora hay ocho casos detectados por la Organización Mundial de la Salud. Tres de ellos han fallecido.

Fuentes oficiales confirmaron a EL PAÍS que ese basurero es uno de los lugares donde los epidemiólogos buscan rastros de roedores infectados. Las autoridades provinciales y la población local aguardan los resultados con escepticismo. En primer lugar, porque nunca se ha registrado un caso de hantavirus en Ushuaia ni en ningún otro lugar de la provincia a la que pertenece, Tierra del Fuego. Además, el recinto está vallado, por lo que los turistas que se acercan a ver aves no lo hacen entre los residuos, sino desde fuera, o por un sendero. El hantavirus se contrae al inhalar partículas de heces, orina o saliva de un roedor infectado: el riesgo en espacios abiertos como un vertedero es inferior al que de lugares cerrados con escasa ventilación, como un depósito, una granja o las instalaciones de un camping.