Cuando pasen 50 años, seguirá habiendo personas que quieran saber qué ocurre en el universo y otras expertas en informar de ello con rigor y pasión
El futuro nunca será como nos contaron. Para el año 2026, nos prometieron monopatines y coches voladores, humanos artificiales creados con bioingeniería e indistinguibles de las personas reales y viajes tripulados a Júpiter. Pero la realidad nos ha regalado, a cambio, los influencers, un magnate en la Casa Blanca dispuesto a comprar Groenlandia o una inteligencia artificial capaz de crear sinfonías, ...
escribir libros o pintar cuadros, pero incapaz de fregar el suelo o recoger la fresa.
La prudencia desaconseja a los periodistas utilizar bolas de cristal. Pero es imposible contar cómo nos veremos dentro de 50 años sin echarle algo de imaginación, teniendo en cuenta cómo han sido los últimos cinco. Solo hay una cosa que sabemos con certeza y en la que todo el mundo está de acuerdo, salvo los inconscientes y los indecentes: o se toman medidas urgentes y drásticas, o en 2076 no quedará nada ni nadie.
El cambio climático y la pérdida de biodiversidad son los dos problemas más graves a los que se enfrenta este planeta, y las posibilidades de que los responsables de este desastre tomen medidas para resolverlos son, lamentablemente, escasas. La Tierra acaba de vivir los 10 años más cálidos jamás registrados. Y los datos no solo no indican que la tendencia vaya a frenarse, sino que va a empeorar. Cada fracción de grado que se calienta el planeta es un drama, porque empeora las olas de calor, las lluvias intensas, las sequías prolongadas y el calentamiento de los mares y océanos. Un millón de especies de los ocho millones que existen están en riesgo de extinción. Y nada de esto se podrá frenar sin una política de contención de los gases de efecto invernadero contundente, eficaz e inmediata. Si eso no ocurre, las predicciones que leerán a continuación sobre quiénes seremos, dónde y cómo viviremos y qué sabremos en 2076 son totalmente inútiles.






