A Irene Moreno le quedan dos años de contrato, pero su edificio fue adquirido por un fondo buitre, que ya tiene fecha para echar a todos los vecinos
Los amabilísimos ujieres del Congreso de los Diputados suelen ser los encargados de decirnos, una vez sentadas nuestras posaderas en el asiento de la tribuna, cuáles son las normas de comportamiento. Mucho cuidado con el uso de los móviles, nada de aplausos ni protestas, ni se os ocurran los improperios, las alegrías, mucho menos el vocerío. Es la grada del decoro, de la compostura, de las buenas maneras. Es la grada en la que una tiene que poner cara de nada, aunque esté ardiendo por dentro. A veces he soñado con poder darle la vuelta a la tortilla y que sea ahí abajo, donde se sientan sus señorías, donde reinen la buena educación y la esgrima y sea arriba donde nos dejen dar rienda suelta ...
al desmelene.
En esta enésima semana de ruido, hubo una mujer que se ha saltado las normas. Acudió a la tribuna justo el día en el que se debatía el decreto sobre la prórroga del contrato de los alquileres. Y un poco antes de que se iniciara la votación, que acabó con el decreto denegado tras el voto en contra del PP, Vox, Junts y la abstención del PNV, se levantó —primera norma incumplida— y gritó: “¡Sinvergüenzas, haced algo ya, coño! ¡Sois culpables de esta situación!”. Ese “coño”, por un instante, fue España entera.






