El autor del atentado fallido contra el presidente de Estados Unidos quería matar a tantos miembros de la Administración como fuese posible en la cena de corresponsales de la Casa Blanca
Estaba llamada a ser una de las grandes noches del calendario washingtoniano, esa en la que cada primavera el poder y la prensa cruzan el umbral que las separa para celebrar la Cena de los Corresponsales de la Casa Blanca en el gran salón del hotel Hilton. Y acabó siendo una noche para recordar, pero por razones inimaginables.
A las 20.36 del sábado, cuando Donald Trump se disponía a hablar por primera vez en un tradicional evento en el que había declinado participar hasta en cuatro ocasiones, el sonido de unos disparos en un control de seguridad situado una planta más arriba cambió el guion de la velada. En ese instante, Cole Thomas Allen, un joven californiano de 31 años, entró en la historia de la violencia política de un país con más armas que ciudadanos y que ha visto morir a cuatro presidentes en el ejercicio de su cargo.
Allen, informático graduado del prestigioso Instituto Tecnológico de California, diseñador de videojuegos amateur y profesor, según el rastro que dibujan sus redes sociales, trató de atravesar a la carrera, como se aprecia en un vídeo difundido por las autoridades, el detector de metales del evento para sorpresa de unos agentes vestidos con traje. Cubrió una distancia de unos 20 metros, antes de que lo redujeran. Hubo un intercambio de disparos con esos agentes. Uno de ellos recibió un balazo que paró su chaleco antibalas. Esa misma noche fue dado de alta del hospital.















