Después de que el PP haya atravesado una línea roja para no perder comba con Vox, solo nos queda ya confiar en la protección constitucional del principio de no discriminación
El debate sobre la “prioridad nacional” ha acabado convirtiéndose en el símbolo más visible de las concesiones del PP a Vox para poder gobernar allí donde necesita sus votos. Hoy es en las comunidades autónomas de todos conocidas; pero, por lo ya trascendido, todo indica que seguirá siendo el precio a pagar en e...
l caso de una victoria de los populares en las próximas elecciones generales. La parte buena es que ya estamos avisados; la mala, que todavía no sabemos con precisión en qué se vaya a concretar. Y si lo ignoramos es porque el PP es consciente de que se trata de un asunto sensible, con claras implicaciones morales. Ahí está la reacción de los obispos y de diversas voces asociadas a la derecha. Por eso se aferra a la idea del “arraigo” más que a la de prioridad “nacional” —en sentido estricto— para justificar el acceso a prestaciones sociales. O la necesidad de “ajustarse a la ley” y a la Constitución.
Está por ver, digo, cómo acabará concretándose y habrá que volver sobre el tema cuando exista mayor claridad. Lo único cierto es que el PP, con todas las reticencias que se quieran señalar, le ha comprado el marco a Vox y va a tener difícil escaparse de sus garras. Este último partido ya ha amenazado con votar en contra —en ayuntamientos y Comunidades— de cualquier propuesta que no siga la literalidad de la máxima. En conclusión, o ceden los populares o se multiplicarán las crisis allí donde no haya acuerdos. O todo o nada. El dilema del PP es claro: o ceder o abocarse a nuevas convocatorias electorales. Pero si se pliegan en esto a Vox, corren el peligro de contaminarse con su sesgo xenófobo y tendrían casi imposible poder diferenciarse doctrinalmente de la ultraderecha. Entrarían así en una dinámica ya observable en otros países europeos, donde la derecha tradicional ha acabado debilitándose —casi desapareciendo, incluso, como en Italia o Francia— al intentar hacer frente a la extrema derecha mediante la asunción de sus consignas.








