La movilización de su electorado es la gran preocupación de los socialistas: “Es fundamental que el 17 de mayo los ciudadanos no se queden de espectadores”, insta Montero

Una de las cualidades que definen a Pedro Sánchez es su capacidad para apropiarse de las estrategias y hasta de los insultos de la derecha. El presidente del Gobierno y secretario general del PSOE ha volteado, sobre todo desde las últimas elecciones generales, descalificativos como el de “perro” y otros lemas de la ultraderecha como “zurdos” y “rojos”, y los ha convertido en una seña de identidad y muestra de orgullo de la izquierda. La “prioridad nacional” de los pactos de PP y Vox en Extremadura y Aragón es el último ejemplo. Sánchez ha reescrito su sentido original, que discrimina a los inmigrantes de los españoles en el acceso a los servicios públicos y ayudas sociales, para reivindicar al PSOE como el garante de la sanidad o educación públicas. Esto es, del Estado del Bienestar. “Defiende lo público” es el eslogan de la campaña de María Jesús Montero, que quiere convertir las elecciones andaluzas en un “referéndum por la sanidad pública”. Ninguna encuesta le da opciones de gobernar.

“Estos últimos días se está hablando mucho de prioridad nacional; nosotros tenemos otras prioridades a la derecha y ultraderecha, por ejemplo, que cuando seas atendido en un hospital te atiendan como paciente y no como cliente”, ha señalado Sánchez en su segundo acto de precampaña, tras el del domingo pasado en Gibraleón (Huelva). El presidente ha contrapuesto el modelo de gestión de su Ejecutivo con el de Mariano Rajoy y con el de Juan Manuel Moreno en la Junta de Andalucía, a la que llegó seis meses después que él a La Moncloa en junio de 2018. Así, ha confrontado la reforma laboral “que redujo la temporalidad”, el aumento de más de un 60% del salario mínimo, los 2.500 millones destinados a becas y la apuesta por la FP pública con el país que dejó su predecesor, una “España fracturada en lo social, estancada en lo económico, que subía las pensiones un 0,25% ―y no conforme al IPC― y que desconfiaba de sus instituciones”.