El dúo convoca a 18.500 personas en Marenostrum en un espectáculo al que le faltó la euforia que se merecía
Ahí estaban otra vez Manolo García y Quimi Portet, 30 años y 26 días después del último concierto de El Último de la Fila, el 30 de marzo de 1996 en Cartagena. La noche caía fresquita en la playa malagueña y el hermoso escenario al aire libre Marenostrum Fuengirola, a los pies del Castillo Sohail y junto al Mediterráneo, tuvo el privilegio de vivir ayer el primero de los 12 recitales de la gira de reunión de un grupo que supo crear su propio mundo, lleno de audacia, surrealismo y desvergüenza, que condimentó el pop anglosajón de los ochenta con voz aflamenc...
ada y unas letras de finura poética que apelaban al universo de lo absurdo, y que, lo más importante, interpeló a miles de personas durante los años ochenta y los noventa. Su regreso convocó a 18.500 espectadores que llenaron el recinto con unas entradas que volaron en minutos. Acudió sobre todo público maduro, deseoso de revivir esas canciones que llevan años entrenando en karaokes.
Interpretaron en primer lugar Huesos y luego enlazaron con Conflicto armado, un inicio genuinamente audaz, como siempre se significó este grupo, ya que las dos canciones no pertenecen al repertorio de El Último de la Fila, sino al de Los Burros, el grupo que formaron García y Portet antes de renombrarse como luego pasarían a la historia del pop español.






