El ejército israelí arrasa decenas de aldeas para alejar a Hezbolá en un proyecto que los expertos denuncian como desproporcionado y contrario al derecho internacional
El ejército israelí ha ensayado varios nombres para referirse a los territorios que ocupa en el sur de Líbano: “línea de defensa avanzada”, “zona de seguridad”. Finalmente ha dado con el más revelador sobre sus intenciones allí: “Línea Amarilla”. Como en Gaza, designa una divisoria —en teoría, temporal— que separa el 52% de la Franja bajo su control, ...
convertida ya en un territorio despoblado y en ruinas, del 48% restante, en manos de Hamás. Es el proyecto en el que el Gobierno de Benjamín Netanyahu se ha embarcado para mantener a Hezbolá lejos de su frontera. Una suerte de reedición de fallidas experiencias pasadas (el mapa se asemeja al del 6% del país que ocupó durante 15 años, hasta su retirada en 2000), pero en versión limpieza étnica y en medio —al menos sobre el papel— de una tregua recién prorrogada tres semanas.
Las tropas israelíes han desplegado allí decenas de miles de soldados y fuerzas navales, pero no en toda la zona. El ejército mantiene vigilado el resto, con capacidad de bombardearlo. El ministro de Defensa, Israel Katz, admite abiertamente que el objetivo es borrar las aldeas fronterizas de la faz de la tierra, demoliendo también “todas las casas”, para no dejar nada en pie donde puedan esconderse milicianos de Hezbolá. Seguirán, dijo textualmente, el modelo de Beit Hanún y Rafah, en Gaza, donde el ejército dejó en ruinas el 90% de las casas.







