El ejército apunta directamente contra periodistas y sanitarios. La nueva invasión trae a la memoria otras en el último medio siglo con similares objetivos declarados
En Israel, suele utilizarse una palabra en hebreo, traducible como fango o lodazal, para referirse al cariz que acabó tomando su ocupación del sur de Líbano entre 1982 y 2000. Comenzó con promesas similares a las que hoy dominan el discurso político y mediático en el país (entonces contra la Organización para la Liberación de Palesti...
na, OLP, y hoy, contra Hezbolá, nacida durante esa misma invasión) y acabó 18 años más tarde, en medio de un goteo de soldados muertos y de preguntas entre la población sobre su sentido.
La idea del lodazal está tan marcada que el propio Hezbolá la construyó (con grandes caracteres en hebreo) en su museo propagandístico en Mlita, con material militar tomado a las tropas israelíes o abandonado en la retirada apresurada que recrea la película israelí Beaufort, candidata al Óscar a Mejor Película Extranjera en 2008, dos años tras otra guerra con la milicia libanesa.
El Gobierno de Benjamín Netanyahu ha devuelto al país a la misma casilla. Es la quinta invasión que sucesivos Ejecutivos israelíes lanzan sobre el país vecino (en 1978, 1982, 2006, 2024 y la actual), en operaciones que siempre han presentado como el esfuerzo definitivo (esta vez sí) por asegurar la frontera norte y evitar el lanzamiento de ataques o proyectiles contra sus ciudadanos.







