La escritora surcoreana defiende la vida y el amor en su literatura de colisiones, y es la estrella en la fiesta de Sant Jordi en Barcelona

Han Kang sigue siendo esa mujer menuda, educada, amable, de apariencia tímida y con el mismo tono humilde y la voz muy bajita que la caracterizaba, pero es evidente la luminosidad radiante que hoy desprende esta escritora surcoreana que recibió el Nobel de Literatura en 2024, cuando se convirtió en la primera persona de su país en conseguirlo y en una de las más jóvenes de la historia del premio. La escritora, nacida en Gwangju (Corea del Sur) hace 55 años, recibió este miércoles a EL PAÍ...

S en Barcelona, donde ha acudido a la llamada de Sant Jordi, la gran fiesta del libro que se celebra en la capital catalana en tiempos en que crece en España el refugio de la lectura. Como librera que ha sido hasta hace dos años, le emociona el entusiasmo que se respira en la ciudad en torno a la literatura.

Hay autores de un solo universo; otros capaces de combinar muchos registros. Y luego está Han Kang. La escritora lo vuelve a demostrar en Tinta y sangre, una novela de 2010 ahora recuperada en español por Random House con traducción de Sunme Yoon, en la que abraza la intriga criminal mientras extiende las raíces de los temas que la volvieron poderosa en La vegetariana, La clase de griego, Imposible decir adiós o Actos humanos: el miedo, el cuerpo, la colisión entre la vida y la muerte, la violencia visible y la invisible, la intimidad más acuciante y la sensibilidad explosiva que transmite de todas sus aproximaciones, sean los sueños, las sensaciones de un niño, los zapatos que resbalan o el filtro del café. La escritora sublime que es Han Kang ofrece aquí —de nuevo— la paleta completa de colores que le ha valido el máximo galardón.