‘Innocence’, de Kaija Saariaho, triunfa en el Met de Nueva York con su escalofriante disección de las secuelas de una tragedia que resulta dolorosamente familiar en la sociedad norteamericana

Cuando Innocence se estrenó en 2021 en el Festival d’Aix-en-Provence, el crítico de EL PAÍS Luis Gago escribió: “Si todavía hay quien piensa que la ópera es un género caduco o anacrónico, sin encaje posible en el mundo actual, en cuanto vea y escuche Innocence cambiará de inmediato de opinión". ...

No hay un lugar en el que tenga mayor relevancia lo que cuenta la ópera de la finlandesa Kaija Saariaho, las secuelas de la matanza en un instituto, que en Estados Unidos. El Metropolitan la estrenó el 4 de abril y esta semana aún le quedan tres representaciones. En Nueva York, el aplauso ha sido de nuevo unánime para una obra (“Llamada para hacer historia”, consideró Gago) que quedó, tras el fallecimiento de Saariaho dos años después de su estreno en Francia −en el que salió a saludar en silla de ruedas, ya muy enferma−, como el canto del cisne de una gran dama de la composición europea.

A la representación matinal del sábado pasado, le siguió una gran ovación en pie de varios minutos para los intérpretes y para Susanna Mälkki, que dirige la orquesta con determinación. También, el escalofrío del público, advertido por el programa de mano de la dureza del tema, tras asistir a la representación de una historia demasiado familiar en el país de los tiroteos masivos.