La ópera prima de Charlotte Devillers y Arnaud Dufeys propone al espectador ser testigo en tiempo real de la sesión de un tribunal de protección a menores
La ópera prima de Charlotte Devillers y Arnaud Dufeys aborda un asunto muy delicado exponiendo una carta de grises poco habitual. En el prólogo y el epílogo veremos a una madre, interpretada por la actriz belga Myriem Akheddiou, y sus dos hijos entrar y salir del juzgado donde tendrán una sesión decisiva para su custodia y futuro. Frente a estos dos momentos de apertura y cierre, toda la zona central de esta película breve (78 minutos) se dirime ante una jueza que escuchará (y observará) a dos adultos, madre y p...
adre, y sus respectivos abogados, exponer algo más que sus diferencias. El espectador, como la jueza, será testigo de los gestos y testimonios de una disputa tremenda.
Lo más interesante de la propuesta —que tuvo una mención especial a la mejor ópera prima en la Berlinale, ganó en el festival de Sevilla y, sobre todo, ha sido multipremiada en los premios del cine belga— es que, pese a sostenerse sobre testimonios muy detallados de los abogados y de los padres, convierte la gestualidad de los intérpretes en un lenguaje paralelo que aporta un subtexto psicológico lleno de matices. Este peso recae sobre todo en el personaje de la madre —la película se sustenta en gran medida en el intenso trabajo actoral de Myriem Akheddiou, intérprete habitual de los hermanos Dardenne—, la más alterada de todos por las razones que se irán destapando de manera más o menos velada.






