Las redes sociales y cierta prensa avisan cada cierto tiempo de que la carne procesada es tan cancerígena como el tabaco. En realidad no es así, pero comerla con frecuencia tiene sus riesgos
Vivimos en la era de los mensajes impactantes; nos rodea tal saturación de información que hay competiciones por ver quién suelta la barbaridad más grande para llamar nuestra atención. Si nos dicen que comer una loncha de beicon es tan cancerígeno como fumar un cigarrillo, seguramente prestaremos más atención que si el mensaje es “comer carne procesada puede aumentar el riesgo de cáncer”. O quizá no, porque recibimos tantos mensajes del estilo al cabo del día que ya somos inmunes a las noticias apocalípticas.
Así que puede que no hagamos ni caso y sigamos comiendo jamón “york” sin preocupación; o incluso es posible que nos vayamos al otro extremo y nos hinchemos a comer salchichas y mortadela, solo por llevar la contraria. Cualquiera de las opciones es mala. Si nos quedamos con la primera, nos asustaremos innecesariamente; si nos quedamos con las dos últimas, le quitaremos la importancia que merece y podemos comprometer nuestra salud. En un mundo donde todo parece blanco o negro cada vez prestamos menos atención a los matices, pero son importantes, tal y como veremos a continuación.






