Tras disolver The Jam, el británico inauguró con su nuevo grupo, The Style Council, una etapa más enfocada al soul y a otra conciencia política. Ahora se reedita su primer álbum

Los fans de The Jam no dieron crédito cuando, en octubre de 1982, Paul Weller anunció el fin del grupo. Estaban en la cresta de la ola, produciendo éxito tras éxito, lejos de cualquier atisbo de crisis creativa, más en forma que cualquier otra formación del punk del que provenían. Weller, Bruce Foxton y Rick Butler pondrían el broche final a su historia un par de meses más tarde, en un concierto de despedid...

a en el Brighton Center, en Londres. Embutido en su traje, con su inseparable guitarra Rickenbacker, el cantante juró entonces que nunca volverían a juntarse. ¿Qué vendría después?

Weller tenía un plan: dejaría atrás aquel sonido vitamínico, rabioso y en blanco y negro para reenfocarse en un estilo soul, jazz y pop sofisticado y multicolor, todo ello sin perder —más bien acentuando— su lado más estiloso y mod. De hecho, el nombre de lo que venía ahora era The Style Council. Solo necesitaría a un compañero, un teclista que parecía recién salido del conservatorio (aunque venía de tocar con los Dexys Midnight Runners y The Merton Parkas), un tipo sosegado, de nombre Mick Talbot. Cuando les hiciera falta algún apoyo, tirarían de colaboradores —o honorary councillors— como Tracey Thorn y Ben Watt, una pareja con un proyecto propio al que llamarían Everything But The Girl.