Jarvis Cocker y Nick Banks se conocieron cuando apenas eran dos chavales que pasaban la adolescencia en Sheffield, una ciudad inglesa de medio millón de habitantes con una notable tradición musical: de sus calles han salido Def Leppard, Joe Cocker (ninguna relación con Jarvis) o más recientemente Arctic Monkeys. Cuando formaron Pulp, en los últimos estertores de los setenta, la música solo era un pasatiempo, “una excusa para soñar y conocer gente”, apuntan ambos sentados al sol de una terraza madrileña. “En aquella época podías dejar de estudiar, apuntarte a los beneficios complementarios y te pagaban. Era poco, muy poco, pero te permitía tener una banda que no tuviese ingresos”, señala Cocker mientras se coloca las gafas de pasta gorda y sonríe. “Luego Margaret Thatcher se cargó eso también”, remata.

Entrados en los sesenta, Nick y Jarvis lucen en forma, elegantes y con un aire que les valdría tanto para dar una charla sobre poesía inglesa del barroco como para cerrar un festival con miles de personas extasiadas. Han recuperado la emoción de volver a hablar de canciones nuevas. Su despedida, We Love Live, llegó en 2001 y los dejó agotados. Tanto que incluso Cocker cambió Inglaterra por Francia huyendo de todo. En estos 24 años el grupo se había juntado para varias giras tremendamente exitosas, pero hasta ahora nunca habían pasado por el estudio. “No éramos conscientes de que hacía tantos años que no grabamos un disco. La idea de hacer nuevas canciones llegó porque en un momento dado pensamos que podía ser divertido intentarlo”. El resultado, More, es una colección de canciones elegidas en votación popular entre los músicos. “Presentamos varias ideas, las tocamos, luego les pusimos nota y nos fuimos quedando con las mejor puntuadas”, explica Banks, batería del grupo. “Las bandas son bandas cuando están juntas. Esos son los momentos en los que las cosas creativas suceden y en el mejor de los casos consigues que esa creatividad merezca la pena y sea digna de que la gente la escuche”, añade Cocker.