El ciclista inglés, de 33 años, no echa de menos a su gemelo Simon, recién retirado: “Soy más joven, aún me quedan cinco o seis años en el pelotón”

Aitor Garmendia, corredor en el Banesto de los años 90, decía que los ciclistas eran de pueblo y feos porque así se llevaban a las chicas más guapas, que los de ciudad son unos pijos, y Tomás Pombo, un rapaz que aún no ha cumplido los 20 años, es también de pueblo, de Carballo que es un museo de murales que hermosean las feas medianas de bloques horrorosos y tapias, belleza inesperada, de donde parte la etapa, pero para despedirle al pie del autobús del Movistar cuando marcha a la batalla del Gran Camiño, su primera guerra, no le despiden mujeres hermosas sino sus colegas de cuadrilla, jovencitos de ojos brillantes como él a los que cuenta aventuras, quizás exageradas, e ilusiones de un futuro de campeón al que aún le tiemblan las piernas al subir al escenario del control de firmas. Los amores llegarán más tarde.

Del pasado solo hablan los veteranos que miran al mar y ponen ojos melancólicos, tantas ausencias, tantas batallas, los que solo prometían, los que cumplieron. Los que aún triunfan, como Adam Yates, ganador pionero en la cima de la Cabeza de Meda, un neveiro sobre el Sil nunca ascendido en ninguna carrera, y líder de O Gran Camiño que el sábado, seguramente, unirá su nombre a la lista ilustre de ganadores de la carrera gallega a continuación de Alejandro Valverde, Jonas Vingegaard y Derek Gee.