El exciclista neerlandés, campeón del Giro de 2017, reflexiona sobre la brutal exigencia de un deporte que le hundió en lo anímico cuando mejor marchaban los resultados
Se suceden los días y en el pelotón, enjambre vivo en el que todo y nada se sabe, aún resuena el eco de la noticia. El repentino adiós al ciclismo profesional de Simon Yates, vigente campeón del Giro de Italia y ganador de una durísima etapa de montaña en el último Tour de Francia, no ha dejado indiferente a nadie. Tampoco a los directores del Visma, quienes reconocieron desconocer la decisión de su corredor hasta poco antes de hacerse oficial, ya con el británico de 33 años en La Nucía, Alicante, preparándose junto al resto de compañeros para arrancar otra temporada vestido de amarillo.
“Me sorprendió muchísimo cuando lo vi en la prensa”, confiesa Tom Dumoulin, vencedor de la corsa rosa en 2017, segundo en los Campos Elíseos un año más tarde y, como Yates, retirado de la élite mucho antes de lo que nadie podía haber imaginado. “Fue inesperado incluso para sus compañeros, así que me puedo imaginar el shock dentro del equipo”, añade el neerlandés desde Maastricht, donde atiende a la llamada de EL PAÍS tras el lanzamiento de Por sensaciones, un híbrido de autobiografía y crónica íntima escrita a cuatro manos junto al periodista Nando Boers y editada en nuestro país por Libros de Ruta.






