Fundado en 1780, el Ventorrillo El Chato permanece a pie de la carretera que une Cádiz y San Fernando y desde 1993 pertenece a la familia propietaria de El Faro

Pocas paredes encierran tanta historia. A un lado, la carretera que va de Cádiz a San Fernando (y viceversa). Al otro, un extenso arenal dorado junto a la playa del Chato, con el océano Atlántico al fondo. En medio, una sencilla edificación de color blanco, rematada con cenefas en caldero, y un cartel que anuncia la entrada al restaurante Ventorrillo El Chato. Una institución culinaria en Cádiz. Motivos no faltan. Se trata de una venta levantada en 1780 por Chano García —hombre de...

prominente nariz, de ahí el apodo de El Chato, siguiendo el humor gaditano—, que aparece mencionada en el episodio Trafalgar, de los Episodios nacionales de Benito Pérez Galdós, donde se describe como un lugar modesto y, a la vez, concurrido, propio de un camino muy transitado de la época: el istmo entre Cádiz y San Fernando.

Uno de sus visitantes más ilustres fue Fernando VII, quien, según recogen diversos escritos de historiadores locales, solía frecuentar el ventorrillo durante su estancia forzosa en Cádiz en 1823, en lo que se ha denominado un cautiverio o encierro benigno. Fue entonces cuando el local acogía animados jolgorios, bien regados de vino. Cuenta también la leyenda que allí, al pedir el monarca un vaso de vino y ante el temor de que se llenara de polvo, el ventero colocaba sobre él una cuña de queso o una loncha de jamón. Gustó tanto el detalle que se repetía siempre la petición de cubrir el vaso, gesto que muchos sitúan como el origen de la tapa.