“Está al lado del Papa”, replican en el Gobierno sobre el acercamiento a Xi Jinping y el distanciamiento con Trump

Siete minutos antes de que Pedro Sánchez accediera a la enorme sala en la que le esperaba Xi Jinping, los funcionarios del Gobierno chino estaban sacando las banderas de Emiratos Árabes y las tazas usadas de sus representantes para colocar las españolas. Había delegaciones de otros países pululando por los alrededores de Tiananmen este martes, un frenesí diplomático habitual alrededor del presidente de China, el único actor del tablero global que, según Sánchez, puede “desanudar” la situación provocada en Irán y en el estrecho de Ormuz. El líder de una superpotencia industrial y tecnológica con cifras apabullantes que justifican, según el Gobierno, que España refuerce la cooperación, estreche lazos y ocupe una posición política destacada en la interlocución con su presidente. Y esos objetivos los dan por cumplidos.

El marcado componente económico de la visita ha quedado subrayado este miércoles, el último día del presidente en Pekín. El desembarco de empresas chinas punteras en España se ha disparado en los últimos tiempos; ha sido una de las obsesiones de Sánchez a lo largo de sus cuatro visitas a Pekín en poco más de tres años. Y está dando frutos tangibles: en 2025, las inversiones directas chinas en España se incrementaron un 330% con respecto al año anterior, hasta alcanzar los 643 millones de euros. China es ya el segundo inversor asiático en España de los últimos 15 años, a punto de alcanzar a Japón, según datos recopilados por la Fundación Consejo España-China.