Acaba de aparecer ‘Anuncios’, extraño manuscrito hallado en los archivos personales de la escritora y que, por lo visto, fue construido en paralelo a ‘La última frase’, el admirado libro que creíamos póstumo y único

¿Qué fue de Typon, aquel amigo de juventud que huyó a La Martinica, donde montó una papelería en un poblado en el que nadie escribía, salvo él, que se arruinó consumiendo su propia mercancía? ...

¿A dónde fue este amigo arruinado por sus propios libros? Fue visto por última vez en Kioto a finales del siglo pasado, junto a una de las puertas simbólicas del sintoísmo. Y como después ya no hubo una sola pista más sobre su paradero, todavía hoy sublimo aquel extremo gesto consumista con el que Typon llevó al capitalismo a su consecuencia lógica final: si el sistema exige crecimiento y consumo infinito, el destino último es el canibalismo comercial.

El caso es que, hará unos minutos, leyendo Anuncios, de Camila Cañeque, me ha parecido ver a Typon emboscado en las hojas del libro, como si su recuerdo permaneciera vivo en ellas, como si le hubiera atrapado del todo ese mundo hipnótico de Cañeque en el que el final de las cosas transforma la ausencia y la inacción en una forma de arte.