El éxito de la misión Artemis 2 recuerda el valor de la ciencia en tiempos de oscurantismo político y superstición

La primera misión tripulada a la Luna en más de medio siglo ha concluido con éxito, y con ella vuelven a la Tierra las grandes paradojas de siempre y algunas de nuevo cuño. La principal es el contraste chocante entre una ciencia luminosa capaz de llevar a la humanidad a exp...

lorar sus límites y la percepción lacerante de la guerra, el exterminio y la estupidez que nos acompañan desde que la especie se asomó al mundo hace más de 100.000 años. Pero así es la condición humana, y el avance del conocimiento debe seguir por más que parezca condenado a hacerlo en condiciones imperfectas y entornos políticos tenebrosos. Demos pues la bienvenida a Tierra a la deslumbrante tripulación de la Artemis 2.

Se dice a veces que la NASA no es una agencia espacial con un buen gabinete de comunicación, sino una agencia de comunicación que lanza cohetes. Es una maldad, porque la agencia espacial estadounidense ha sido siempre la mejor del mundo, y lo sigue siendo pese a haber caído ahora bajo un Donald Trump empeñado en infligir un hachazo histórico a sus presupuestos. Pero incluso un presidente tan anticientífico como este es sensible a la competencia que le puede hacer China en el espacio, y las misiones Artemis son en buena medida una consecuencia de ello. Las misiones Apollo que llevaron a la humanidad a la Luna también respondieron al deseo del presidente John F. Kennedy de no quedarse detrás de la Unión Soviética en la carrera espacial. La ciencia del espacio nunca ha sido independiente de la política, y nunca lo será.