El viaje a Barcelona de la presidenta mexicana la semana próxima acelera el deshielo diplomático con España
México, el país hispanoparlante más poblado del mundo y una indiscutible potencia económica, congeló sus relaciones con España en 2019 en una decisión que no respondía al histórico hermanamiento cultural y económico de los dos países. Como entonces, es ahora México el que da el paso y rompe finalmente la distancia —física y diplomática— con el Gobierno de Pedro Sánchez para recomponer el vínculo congelado hace siete años. La decisión de la presidenta Claudia Sheinbaum de volar a Barcelona el próximo sábado para un encuentro de gobiernos progresistas —anunciada por sorpresa el viernes durante su comparecencia diaria— sella un proceso de acercamiento que empezó hace unos meses, con la mandataria mexicana ya instalada en el poder y con el peso suficiente como para ir poco a poco contracorriente de los postulados de su antecesor, Andrés Manuel López Obrador. Si él congeló la relación con una carta en la que pedía al rey Felipe VI una disculpa por los abusos cometidos por España durante la Conquista, Sheinbaum ha construido un puente con Madrid a golpe de pragmatismo político. Que el Monarca reconociera el mes pasado que esos abusos existieron, demuestra el deseo compartido de buscar puntos de acercamiento en un asunto —la petición de perdón a los pueblos originarios por parte tanto de España como del Estado mexicano— que nunca debería haber terminado en conflicto diplomático. No en vano, las palabras del Rey tuvieron lugar durante su visita a una exposición temporal de tesoros arqueológicos llegados desde México, en un gesto de acercamiento cultural que España tenía el deber de no ignorar.






