La presidenta mexicana busca alternativas a la tensa relación con Trump y toma la iniciativa acudiendo a un encuentro en Barcelona con sus homólogos más afines, con Lula, Petro y Sánchez a la cabeza

México se enfrenta a un delicado equilibrio regional, con un volátil Donald Trump apretando desde el norte y un mosaico desde el sur que va virando cada vez más hacia la derecha. La presidenta, Claudia Sheinbaum, ha hecho cálculos y ha dado un paso al frente: los días de perfil bajo comienzan a llegar a su fin. Tras varios gestos cómplices en el último año con sus homólogos más afines, la mandataria, poco dada a los viajes y menos fuera de lo estrictamente institucional,

ta-de-mexico-viaja-a-espana-la-proxima-semana-para-un-cita-con-sanchez-lula-y-petro.html" data-link-track-dtm="">visitará Barcelona para encontrarse con los presidentes de Brasil, Colombia y España en un foro que busca construir una alternativa progresista al futuro que proyecta la órbita trumpista. México va tomando el lugar que, por tamaño y relevancia, le corresponde en una esfera ávida de referentes fuertes.

La asistencia de Sheinbaum al evento, al que irán más de un centenar de líderes mundiales, supone un punto y aparte en la estrategia seguida hasta ahora por su Gobierno y el de su predecesor, el también izquierdista Andrés Manuel López Obrador. La presidenta mexicana ha enfrentado las presiones del mandatario estadounidense con cabeza fría y mano izquierda, pero con un éxito siempre frágil que no ha ahuyentado del todo la amenaza de los aranceles o el intervencionismo militar. La agresión de Estados Unidos en Irán apuntala una conclusión que, por distintos caminos, aterriza en la postura de la mandataria: México debe ganar autonomía frente a su principal aliado comercial y para ello debe buscar alternativas a la tensa relación que hasta ahora había dominado enteramente las prioridades del país en su política exterior.