El jefe del Gobierno logra atraer a presidentes de Brasil, México, Colombia, Sudáfrica, Uruguay, Lituania para defender una alternativa a la ola de derecha mundial

Pedro Sánchez está tratando de explotar políticamente al máximo su papel como referente del progresismo tanto en Europa como en América, que se ha visto reforzado después de sus tensiones directas con Donald Trump y Benjamín Netanyahu primero por la guerra en Gaza, después por su rechazo a aumentar al 5% el gasto en defensa y por último por su oposición radical a la guerra en Irán.

Ese intento de liderar un espacio progresista que está en horas bajas pero aún conserva el poder en países muy relevantes además de España, como el Reino Unido, Dinamarca, Brasil, México o Colombia, ha llevado a Sánchez a organizar una gran cita en Barcelona este sábado 18 en la que ya han confirmado su presencia una docena de líderes y otros tantos números dos ante la imposibilidad de acudir de sus jefes.

Sánchez y el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, que tienen gran sintonía, serán los dos grandes protagonistas del encuentro, que vendrá precedido por una cumbre bilateral entre España y Brasil el viernes en la que participarán una decena de ministros de cada país, algo habitual entre aliados europeos o vecinos como Marruecos, pero inédito con un socio latinoamericano. La alianza política de Sánchez y Lula es pues total.