La artista comienza en Barcelona su gira europea de teatros con un concierto doliente y bello
Vaya de blanco impoluto o de recogido negro, su imagen es siempre la misma. La cabellera, nívea, cayendo como una cascada sobre sus hombros, de donde pende un vestido largo que se prolonga en una cola no muy prolongada. Serena, enfocada por la luz que la delimita, agitada levemente por los movimientos de sus brazos y por un cuerpo que en ocasiones tiembla, casi como su voz. Hay algo de ceremonioso en ella, como si cada concierto fuese un ritual en el que explicarse relatando las tensiones de una vida que ha pasado las tribulaciones de quien no nació en el cuerpo que deseaba. Era Anohni volviendo a Barcelona tras su visita al pasado Primavera Sound. Entonces allí relató la muerte de la barrera del coral australiana, foco de su sensibilidad ambiental, trágicamente expresada por un emblanquecimiento que es muerte en unos invertebrados que son lujuria de color. En esta ocasión venía en formato escueto, un trío de apoyo, más que suficiente para hablarnos de ella a través de sus canciones.
Era el inicio de una gira europea por teatros que en España tenía única parada en el Palau de la Música, en el Festival del Mil·lenni. Y una de las apreciaciones que dejó es que el repertorio no está cerrado, transmitiendo la sensación de que en algunos momentos parecía improvisarse sobre la marcha, dadas las instrucciones que Anohni transmitía antes de algunas piezas a sus acompañantes. Música que fluía en función del estado de ánimo sin salirse de la casilla del intimismo, encarnado en esa voz que en ocasiones parece irse a quebrar. Pop de cámara con una instrumentación sin bajo, como para que las canciones no tocasen tierra, flotando como reflexiones en un ámbito de silencio majestuoso. Piano y teclados, batería, seca y poco matizada para contrastar la liviandad de la voz y guitarra. Y vibráfono en The Lake, única pieza con Anohni al piano basada en un poema de Allan Poe que surgió en una época en la que colaboraba con Lou Reed, de quien recuperó Perfect Day en la primera parte del concierto. Fue la primera gran ovación de un Palau lleno.






