La polifacética artista asturiana renace tras una profunda transformación personal, dispuesta a alcanzar, cueste lo que cueste, sus sueños pendientes. Con ella hablamos, de la mano de Rabat, sobre la importancia de pelear por lo propio, el trabajo como refugio, la presión de exponerse al amor
Blanca Romero (Gijón, 49 años) brilla hoy con una luz distinta. Ya no es la mujer impulsiva que cambiaba de casa o de vida cada poco tiempo, sino alguien que ha aprendido a valorar lo logrado y proteger lo suyo –y a los suyos–. Hablamos con ella de la mano de
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-47-WEm0l6T_pRMdj8qRYaAjg3EALw_wcB" data-link-track-dtm="">Rabat, que celebra en su evento Rabat Magnificent. “Me cansé de caer”, precisa la asturiana, madre de dos hijos, en la emblemática boutique de la firma joyera en la Milla de Oro madrileña. Lo siguiente, añade, es mirar hacia adelante: “Ahora voy a conseguir mis sueños.”
En nuestra última entrevista confesabas que te aburrías constantemente de las cosas y que por eso cambiabas tanto de trabajo y de casa.






