En la capital de La Rioja Baja todo se hace con hortalizas: pinchos, dulces, murales, vestidos, joyas… Al lado está el pueblo donde se cultivan más setas que en ningún otro lugar de España y donde se practica el ‘fungiturismo’

En el paseo del Mercadal de Calahorra, donde estuvo el circo de Calagurris Nassica Iulia, se alza la estatua de una matrona romana que porta en la mano derecha una daga y en la izquierda un brazo amputado de alguien a quien se está merendando. Esta venerable caníbal recuerda la fames calagurritana, la espantosa hambre que pasaron en esta población —hoy la segunda mayor de

1/05/17/actualidad/1621240223_917350.html" data-link-track-dtm="">La Rioja, después de Logroño, y entonces la más grande— durante las guerras sertorianas, cuando se vieron obligados a comerse los maridos y mujeres entre sí y luego a sus hijos. No es de extrañar que en Calahorra miren con desdén las carnes y con inmenso cariño las verduras. Están en todas partes: hay un monumento a la Verdura, un museo de la Verdura y cinco senderos de la Verdura que recorren la espléndida huerta calagurritana, la más boyante y productiva de la región. Hay dulces que parecen verduras, joyas elaboradas con ellas, pinchos de lo mismo y unas Jornadas de la Verdura —este año, del 17 al 26 de abril— ideales para ver y probarlo todo.