Coria tiene un obispo compartido con Cáceres, una catedral gótica y un kilómetro largo de murallas romanas. Tiene un castillo y un palacio que fueron de los duques de Alba. Y dos personajes ilustres vinculados a la misma casa: Juan Calabacillas, el bufón que el duque regaló a Felipe IV y que Diego Velázquez retrató, y Rafael Sánchez Ferlosio, que andaba por la pobla...
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ción en pantuflas y con un carrito de la compra lleno de periódicos, como si no hubiera heredado parte del antiguo patrimonio ducal y ganado el premio Cervantes en 2004.
El mantel de la Última Cena, la habitacioncita del Bobo de Coria, el jilguerotauro de Ferlosio… Otros lugares del mundo de 12.000 habitantes no tienen nada que no pueda verse en un par de horas. Pero ver Coria en 24 horas es un no parar. Hay que desayunar fuerte.
Para desayunar se puede tomar algo contundente —migas en invierno y tostadas varias en verano— en la cafetería del hotel-restaurante Montesol (1), a orillas del río Alagón, viendo cómo el primer sol se enreda en la telaraña metálica del puente de Hierro. Aquí se zampan su tostada de cachuela —hígado de cerdo frito en manteca con ajo, pimentón, comino y pimienta— los que vienen a descender en kayak hasta Casillas de Coria con los guías de Extremavela. Con este desayuno, no pasarán frío en el agua.







