El medio francés, que será titular este viernes contra el Girona, aspira a sustituir al sancionado Tchouameni en Múnich tras perder el puesto ante Thiago Pitarch
“Yo puedo ser ese jugador que organiza el equipo”, proclamó hace casi dos meses un Eduardo Camavinga juguetón con la prensa. Aquella frase la pronunció en Lisboa, pero la realidad es que esa eliminatoria de playoff con el Benfica fueron los últimos partidos de peso que ha disputado como titular. La irrupción de Thiago Pitarch lo terminó de mandar a la trastienda en los días grandes y desde entonces su participación en la Champions se ha reducido a media hora con el
tbol/2026-03-17/vinicius-aplaca-el-intento-de-rebelion-del-manchester-city.html" rel="" data-link-track-dtm="">Manchester City y cero minutos el martes ante el Bayern. Por confección de plantilla, él debería ser el sustituto del sancionado Tchouameni en la vuelta del miércoles en Múnich, aunque esa es una decisión que todavía está por ver. De momento, Álvaro Arbeloa sí confirmó su presencia en el once de este viernes frente al Girona (21.00, Movistar), igual que con Bellingham y Militão.
Después de cinco temporadas en el Madrid, la carrera del pivote francés lleva dos años empantanada. Los intentos en el trabajo diario de Valdebebas de corregir sus errores y despistes no han dado los resultados esperados, y algunos técnicos han lamentado su falta de cabeza para ofrecer más garantías. Pese a la gran crítica externa que ha caído sobre Tchouameni, todos los entrenadores del Madrid y la selección (Ancelotti, Deschamps, Xabi Alonso y Arbeloa) han preferido a este por delante de Camavinga (23 años) para ejercer de ancla, y como interior tampoco ha sido la solución en una medular con más físico que toque. Su mejor momento de este curso fue pegado a la banda derecha en el clásico de Liga en casa y en las últimas semanas se ha visto relegado por Thiago.







