Un libro recupera la imágenes tomadas por el artista alemán Albert Scopin a finales de los años sesenta en el refugio de artistas neoyorquino, reviviendo la intensidad y los encuentros únicos de la época
Albert Scopin llegó a Nueva York un día después de que el hombre llegara a la luna, en el verano de 1969. Procedía del sur de Alemania. Formado como fotógrafo en Múnich, utilizaba su apellido de nacimiento, Schöpflin. Tenía 25 años y 270 dólares en el bolsillo. Lo suficiente para instalarse en el 222 West 23rd Street, en una especie de cuarto oscuro con un grifo: una de las habitaciones de más baja categoría del mítico
ack-dtm="">Hotel Chelsea. “Incluso el Chelsea tenía un tipo de jerarquía social. Los residentes de los pisos superiores eran muy respetados, y por lo general, estaban mejor posicionados”, advierte en Scopin: Chelsea Hotel, un nuevo monográfico que reúne sus recuerdos junto a las imágenes que allí tomó hasta 1971, rescatadas tras haber permanecido perdidas durante casi cuatro décadas.
Scopin llevaba una lista de los diez fotógrafos con quienes quería trabajar. Encabezada por Irving Penn y Richard Avedon, el número 10 lo ocupaba Bill King. Acabaría trabajando con él. Colaborador habitual de Harper’s Bazaar, tenía fama de complicado. Por las tardes, una vez finalizado el trabajo de encargo, organizaba sesiones de fotografía de desnudos con personas famosas. “La gente era tan diferente y a todos les resultaban emocionantes las sesiones de desnudo”, recuerda Scopin. “Fotografiar de esa manera era algo novedoso, acorde con los tiempos. Una experiencia visual y sensual. Y, sin embargo, esas fotografías nunca fueron publicadas en un libro. King olvidó gestionar los derechos de impresión. Pero eso también estaba en consonancia con la época. No se trataba de hacer un libro; se trataba de hacer lo que uno quería”.







