El ruso vuelve a cortocirtuitar, encaja el peor resultado de su carrera y cae a la primera en el Principado, ante Berrettini. El romano, a octavos en 73 minutos

A mediodía, en la pista Rainiero III de Montecarlo rebotan los ¡oooooooolés! de los aficionados. Una escena que, en el tenis, normalmente suele responder al intento de amenizar alguna pausa o avivar algún partido más o menos muerto. Esta vez, sin embargo, la gente jalea al compás de los raquetazos violentos que estrella Daniil Medvedev contra la arena. El ruso, tan formidable como tendente a los cortocircuitos, ya ha perdido para entonces el primer set por 6-0 y va 2-0 abajo en el segundo, y, una vez más, situación común en una superficie que no solo aborrece sino que detesta, no termina de encontrarse. Al compendio de gestos le sigue la reacción, y en última instancia un verdadero descalabro.

Incrédulo y feliz, su rival, Matteo Berrettini, admite: “Es uno de los mejores partidos de mi carrera. Creo que solo he fallado tres golpes en todo el partido”. Al mismo tiempo, Medvedev, décimo en la lista mundial, se retira como si jamás hubiera roto un plato. Era su primer compromiso de la temporada sobre tierra batida y se cierra con un doble 6-0 que finaliza en tan solo 49 minutos. Nunca había encajado un resultado así. Cifras irrisorias: solo ha logrado ganar nueve puntos con su servicio, ocho al resto y ha cometido 27 errores no forzados; un ace, cinco dobles faltas y únicamente un 36% de los saques dentro. Difícil dar con unos registros así. Es el mismo tenista que hace menos de un mes superó magistralmente a Carlos Alcaraz en Indian Wells.