Santiago Ramón y Cajal, descubridor de las neuronas en 1888, tuvo un impacto decisivo en el pintor Salvador Dalí y el poeta Federico García Lorca, según destaca un nuevo documental

Un antiguo aprendiz de zapatero, obligado a garrotazos por su padre a estudiar Medicina, se asomó en 1888 a un mundo diminuto que muy pocos habían contemplado y en el que nadie había visto lo que él vio. Santiago Ramón y Cajal, armado con un microscopio y cerebelos de pollo, descubrió que el sistema nervioso ―la sustancia del pensamiento― estaba compuesto por células independientes, que se comunicaban entre sí por besos. El investigador, de 35 años, pudo aplicar entonces la que fue su auténtica pasión de niño: la pintura. Dibujó aquellos asombrosos bosques de neuronas,...

con trazos intrincados y estilizados, y acabó ganando el Premio Nobel de Medicina en 1906. Un nuevo documental recuerda ahora que el científico hizo algo más. “Conscientemente o no, Cajal es una piedra fundacional de nuestro surrealismo”, proclama en la película el historiador del arte Jaime Brihuega.

La vida del científico es inverosímil, como relató él mismo en sus memorias. Nació en 1852 en un “villorrio triste y humilde”, Petilla de Aragón, en una familia de labradores. Desde niño, Cajal cogía un lápiz, como si fuera una “varita mágica”, y dibujaba a escondidas otros mundos, con héroes griegos, paisajes apocalípticos y guerras con catapultas. Su padre, que había aprendido el oficio de cirujano barbero, aborrecía esa afición a la pintura, que consideraba propia de gandules. Cajal, tras constantes palizas paternas, acabó estudiando Medicina en Zaragoza y, ya catedrático en Barcelona, descubrió la individualidad de las células del cerebro, las “mariposas del alma”. El documental Ramón y Cajal: dibujos en la retina, que se estrena en cines el 9 de abril, sigue los pasos del nobel por España e intenta responder a una pregunta: ¿Cómo se forman las imágenes en el cerebro?