Se estima que en toda África Occidental esta enfermedad causa pérdidas de 160 millones de dólares al año
La fiebre de Lassa (una de las amenazas sanitarias de África Occidental más persistentes y para la que hay menos financiación) sigue causando muertes evitables, más de medio siglo después de su descubrimiento. Felizmente, hay tres vacunas prometedoras en fase de desarrollo clínico, y en la próxima década una de las tres podría recibir autorización. Pero este avance sólo se convertirá en protección si los países están preparados para usarla.
La fiebre de Lassa es una enfermedad grave, que afecta sobre todo a habitantes de zonas rurales donde hay transmisión del virus de roedores a humanos. Muchos de los contagios pasan inadvertidos, porque los síntomas se parecen a los de otras enfermedades febriles y hay escasez de medios de diagnóstico; pero aún así las consecuencias no dejan de ser importantes. Para contener la transmisión, a veces los centros de salud cierran salas, lo que retrasa la provisión de atención de rutina y sobrecarga sistemas que ya de por sí son frágiles. La amenaza no es sólo sanitaria: los hogares pierden ingresos y los niños faltan a la escuela. Se estima que en toda África Occidental, la fiebre de Lassa causa cada año pérdidas por unos 160 millones de dólares, debidas ante todo al impacto negativo sobre la productividad.






