Alberto Manguel recopila los platos imaginarios que figuran en algunos de los libros más famosos de la historia, un atlas ‘gastroliterario’ para perderse sentado en el sofá o entre fogones

Cuando Alberto Manguel se independizó de casa de sus padres a finales de los sesenta llevaba bajo el brazo un tesoro invaluable: un tarro vacío de cristal. Tenía 20 años, un porrón de millones de lecturas acumuladas ―de niño iba a casa de Borges para leerle los libros que este, ya ciego, no podía devorar― y una vocación inquebrantable de vivir, como un nómada, de la literatura. Su abuela, que adjuntó con el tarro “un paquetito de sal y un pedazo de pan”, le dijo que aquello era un amuleto para que “nunca le faltase la comida” y que debía acompañarle allá adonde fuera. Tras años de mudanzas (

.com/autor/alberto-manguel/" data-link-track-dtm="">y más de 40 libros escritos, miles de crónicas literarias y de dirigir grandes instituciones como la Real Sociedad de Literatura de Gran Bretaña) ese tarro sigue en lo alto de una estantería Manguel, ahora un reputado escritor, para recordarle que “la literatura no solo alimenta el alma”.

Y es que el talismán de la abuela ha sido para este argentino-canadiense la bisagra de dos mundos: el de los libros y el de los fogones. Por eso, a sus 78 años, el también crítico literario ha publicado Recetas de lugares imaginarios, una recopilación de los platos reales e imaginarios que figuran en algunos de los libros más famosos de la humanidad, un atlas gastroliterario para perderse sentado en el sofá o en la cocina. Es sin duda una obra divertida donde describe 74 elaboraciones que van desde el “Cóctel de sangre fresca” de Drácula a la “Tarta de queso del árbol blanco de Gondor”, de El Señor de los Anillos.