El mítico golfista, de nuevo en mitad de la tormenta por sus problemas personales, completó en 2001 lo nunca visto, ser el campeón de los cuatro grandes a la vez

Sucedió hace 25 años y perdura en la memoria como la mayor demostración de poder en la historia del golf. El 8 de abril de 2001 Tiger Woods ganó su segundo Masters de Augusta y consiguió lo nunca visto ni antes ni hasta ahora. Cuando ese domingo de primavera se enfundó la chaqueta verde se vestía además como el campeón de los cuatro grandes al mismo tiempo. El póquer no lo firmó en la misma temporada, pero sí de manera consecutiva. Una a una, cada cita del Grand Slam fue cayendo en las garras del Tigre: US Open de 2000, Open Británico de 2000, Campeonato de la PGA de 2000 y Masters de Augusta de 2001.

.html" target="_blank" rel="noreferrer" title="https://elpais.com/deportes/2022-03-31/la-revolucion-de-tiger-woods-cumple-25-anos.html" data-link-track-dtm="">El rey de los cuatro majors respondía a un solo nombre. La gesta se conoció como Tiger Slam.

El paso del tiempo solo ha aumentado la leyenda y los problemas personales de Woods doblan la distancia entre el mito y el hombre. A los 50 años, la imagen actual de Tiger es la de un conductor detenido por la policía después de volcar su coche, con dos pastillas de opioides en el bolsillo y claros síntomas de no estar en condiciones de manejar un vehículo. Mucho menos de jugar así el Masters de Augusta esta semana ni de ser el próximo capitán estadounidense de la Ryder. Hoy Tiger Woods solo es la sombra del jugador que fue hace 25 años.