El estadounidense, de 50 años, sufrió el pasado viernes otro accidente de tráfico que hace tambalear de nuevo su carrera

A una semana del Masters de Augusta, Tiger Woods acapara cada titular en el mundo del golf. Y no porque el ganador de 15 grandes, de 50 años, haya desvelado todavía si va a disputar el primer grande de la temporada, lo que sería su primera ronda oficial desde el Open Británico de 2024. Sino por el accidente de tráfico que sufrió el pasado viernes y que vuelve a convertirle en protagonista por sus problemas personales fuera de un campo de golf en lugar de por su último intento de resurrección deportiva. El informe policial hecho público este martes desvela los detalles de ese nuevo percance al volante, uno más del hombre que se aleja del mito.

Distraído por el uso del teléfono móvil o de la radio del coche. Sudores. Movimientos lentos. Ojos vidriosos. Extremadamente alerta. Así describen los agentes el estado de Woods cuando volcó su Range Rover al chocar con una furgoneta con remolque a la que pretendía adelantar en Jupiter Island, en Florida, cerca de su domicilio. El conductor del otro vehículo le ayudó a salir de su coche tumbado en la carretera, por la ventanilla del copiloto. La policía encontró dos pastillas de hidrocodona, un potente analgésico, en uno de sus bolsillos. “Tomo algunas”, dijo Tiger para explicar los dolores que siente por sus problemas físicos, y citó las siete operaciones de espalda y las muchas más de rodilla para justificar su cojera al caminar.