El último accidente de tráfico del golfista estadounidense agranda la distancia entre la leyenda deportiva y la persona atormentada por las lesiones y sus problemas personales
Una leyenda del deporte, un hombre atormentado. La historia de Tiger Woods puede contarse tanto a través de sus gestas en un campo de golf como por su secuencia de percances al volante. Está el mito, el ganador de 15 grandes, el atleta que revolucionó su disciplina como nadie jamás en el universo deportivo. Está la persona, golpeada una y otra vez por sus demonios. El último episodio,
ccidente-de-trafico-en-florida.html" data-link-track-dtm="">un accidente de tráfico este viernes que acabó en su arresto y encarcelamiento, vuelve a situar a Woods en el ojo del huracán y del debate sobre su comportamiento y su vida cuando ha cumplido ya los 50 años y aún piensa en regresar a la élite. ¿Hasta qué punto Tiger destruirá a Tiger?
Sucedió a las dos del mediodía en Jupiter Island, en Florida, cerca de su casa. Tiger perdió el control de su Range Rover a una velocidad excesiva, chocó con una furgoneta con remolque a la que pretendía adelantar y volcó por la parte del conductor. Salió del vehículo por la ventanilla del copiloto y esperó a los agentes mientras llamaba por teléfono. Dio negativo en el control de alcoholemia pero se negó a pasar un examen de orina. La policía detectó que conducía “bajo los efectos de alguna sustancia” y “mostraba signos de deterioro”. Fue trasladado a la cárcel del condado de Martin, donde permaneció ocho horas, el mínimo legal, antes de ser puesto en libertad bajo los flashes de los fotógrafos. “No importa quién seas. Si infringes la ley, la haremos cumplir”, afirmó el sheriff; “pagará las consecuencias”.














