El biólogo asturiano Ignacio Paulin se apasionó por el comportamiento de estos peces en un proyecto que ahora podría desaparecer por los recortes de la Administración Trump
Las hembras prefieren aparearse con machos raros. Al menos, así ocurre entre los guppies, unos pequeños peces de los ríos sudamericanos. Como su fecundación es interna, los machos despliegan un abanico de colores para conquistar a las hembras. Podría parecer que los que van a la moda son los que tienen más éxito, pero resulta ser todo lo contrario. ¿Por qué iba una guppy a elegir al más raro del grupo?...
La respuesta se encontró en la isla de Trinidad, al sur del Caribe, un auténtico laboratorio natural donde las poblaciones de guppies, separadas por cascadas y ríos, permiten estudiar la evolución casi en directo. Allí, en 2007, el biólogo David Reznick, de la Universidad de California en Riverside, puso en marcha el Guppy Project para desentrañar algunas de las grandes incógnitas de la evolución.
Tras monitorear 10 generaciones de estos peces, los investigadores descubrieron que la preferencia de las hembras por los machos raros no mejoraba la supervivencia de sus crías. Sin embargo, sí ofrecía una ventaja indirecta: sus hijos varones, al heredar esos rasgos inusuales, resultaban más atractivos y lograban más apareamientos. Es lo que se conoce como la hipótesis de los “hijos sexis”. Ese efecto indirecto mantiene la preferencia por lo inusual y explica, en parte, la deslumbrante diversidad de colores y rasgos sexuales que vemos en la naturaleza.






