Expertos, asociaciones ambientales y organismos públicos preparan proyectos de erradicación para proteger a especies como zarcillos o pingüinos de estos roedores invasores
Poco después de las seis de la mañana, en una cueva rocosa de las costas de Perú, numerosos zarcillos se asoman desde sus pequeños escondrijos mientras emiten un sonido lastimero que se mezcla con el de las olas. La población de estas aves marinas, conocidas por su plumaje negro, pico rojo y un curioso ribete blanco, está disminuyendo peligrosamente en las costas de América del Sur. “Son las principales víctimas de las ratas”, dice la bióloga Susana Cárdenas, directora del Programa Punta San Juan (PPSJ), destinado a conservar y proteger la biodiversidad de la zona, mientras revisa una trampa que puso la noche anterior. El mecanismo es simple: una jaula pequeña en la que se pone un cebo y cuando el roedor entra, la rejilla se cierra. “No ha caído ninguna hoy”, lamenta Cárdenas, explicando que en los últimos meses han capturado decenas.
Hasta ahora, los peligros que diezmaron a las aves fueron la recurrencia del fenómeno climático El Niño y la gripe aviar, que fue devastadora, como apunta la directora del PPSJ. También causaban un enorme daño la excesiva actividad de la pesca industrial, que impacta sobre la anchoveta, alimento principal de estas aves. Pero desde hace más de una década, una amenaza importante para este ecosistema son estos rodeores invasores, las Rattus rattus.






