Las lectoras y los lectores escriben sobre la guerra en Irán, el viaje de la Artemis 2, el racismo en el fútbol y el duelo
La guerra en Irán es una nueva muestra de cómo los conflictos internacionales acaban teniendo consecuencias globales inmediatas. Mientras las potencias juegan a la escalada militar, la ciudadanía, tanto en la región como en Europa, ya sufre los efectos: el aumento de los precios de la energía y de la gasolina, la incertidumbre económica y el miedo a una expansión del conflicto. Resulta preocupante la normalización de una guerra que puede desestabilizar todo Oriente Próximo y tener repercusiones mundiales. La diplomacia tendría que ser la prioridad, no el último recurso. Nos hemos acostumbrado demasiado rápido a vivir en un mundo en tensión permanente, como si fuera inevitable. Pero no lo es.
Júlia Torres Roselló. Cerdanyola del Vallès (Barcelona)
El hito de la misión científica Artemis 2 es apasionante. No tanto así algunas circunstancias en las que se produce. La nueva carrera espacial viene a resucitar al Tucídides de las guerras preventivas, del “o ellos, o nosotros”. El progreso innovador se ve eclipsado por ademanes de fuerza. Si antes la Luna era reflejo de nuestros anhelos, hoy lo es de la geopolítica mundial. Pasar del suspiro onírico al resoplo hiperrealista representa un augurio. Lo aeroespacial y lo estratégico se incardinan en numerosas sinergias de vigilancia, conectividad o navegación. Recuerdo haber leído a Luis García Montero: “Ni las noches cargadas con pólvora de luna, ni los lobos en mesas de despacho”. Pues rescatando aquel homo homini lupus que advierte de que el hombre es un lobo para el hombre, bien haríamos en evitar episodios de licantropía y aprovechar la capacidad técnica para construir. Sí a nutrir de estos avances la defensa, y no a su uso irresponsable.






