Las lectoras y los lectores escriben sobre la violencia de género, el ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, las elecciones en Castilla y León y el poder emocional de la música

Numerosos menores figuran como víctimas activas en el Sistema VioGén. Más de 1.500 niños y niñas han sido señalados en riesgo de violencia vicaria. No son relatos ideológicos: son datos oficiales. Aun así,

.html" data-link-track-dtm="">el debate público se desliza peligrosamente hacia nosotras. Se habla del feminismo en “exceso” y del “hartazgo” social, de denuncias que arruinan vidas, y se cuestiona la credibilidad de las víctimas. Incluso se examina su conducta antes que la del agresor. Cuando una adolescente sufre acoso digital se analiza su foto por si da pie a ello. Cuando una mujer denuncia, se mide el tiempo transcurrido y cómo ha reaccionado. Cuando un menor queda huérfano por violencia machista el ruido político y mediático dura más que la indignación colectiva. Nada es casual, es un problema cultural y estructural. Mirar hacia otro lado y reducirlo a casos aislados solo lo hace más cómodo. Lo realmente incómodo es admitir que la violencia hacia las mujeres persiste por exceso de tolerancia y no por falta de denuncias. Mientras dudemos más de quien sufre el machismo que de quien lo ejerce, el mensaje será claro: proteger no es la prioridad. Y eso, como sociedad, nos retrata.