El español apuntala su evolución al imponerse a Trungelliti (6-3 y 6-2) y asciende al puesto 57 del ‘ranking’. Mérida cae en la final de Bucarest ante Navone (6-2, 4-6 y 7-5)
Actúa Rafa Jódar con una naturalidad y una madurez que asombran, como si se conociera de carrerilla el oficio y en lugar de tener 19 años y todavía un mundo entero por descubrir, hubiera rebasado ya la treintena y estuviera de vuelta en esto. Pero de eso nada. Apenas ha dado unos pocos pasos en el profesionalismo y la sospecha va poco a poco transformándose en certeza: por ahí asoma un competidor. Todo va muy rápido para el madrileño, campeón este domingo del 250 de Marrakech y, por lo tanto, con un título ya en su ficha de la ATP. Su tenis va en consonancia: un vistazo basta para comprobar que él y Marco Trungelliti compiten a velocidades diferentes. En consecuencia, un desenlace limpio, sin accidentes: 6-3 y 6-2, en 1h 08m.
El tenis español, pues, presume de más juventud, de más envergadura y de otra incorporación al top-100, puesto que el triunfo conduce al madrileño al peldaño 57 del listado mundial y, lógicamente, hacia una dimensión diferente. Hace un año, a estas alturas era el 991º. “No tengo palabras para describir lo que siento”, dice nada más despachar la final de un plumazo, como si fuera un mero trámite antes de seguir cogiendo más carrerilla y reuniendo más argumentos para escalar. Se le ha escapado a Daniel Mérida previamente la de Bucarest (6-2, 4-6 y 7-5 ante Mariano Navone, tras 2h 17m), pero su triunfo deja este domingo un buen regusto en el paladar. Que no haya equivocaciones: con Jódar no se habla en clave de futuro, sino de rabioso presente.






