El escritor mexicano despliega en ‘Héroes numerados’ una especie de diccionario de gramática futbolera envuelto en ecos míticos, coincidiendo con año de Mundial
La afición en los estadios es el coro parlanchín de las tragedias griegas; las camisetas de los jugadores, sudarios o reliquias de santos; y el balón, claro, es el objeto máximo de deseo: redondo, escurridizo y perfecto como los dioses. En su último libro, Héroes numerados (Planeta), Juan Villoro envuelve el fútbol en ecos míticos, dando la razón a
lini+futbol&rlz=1C5CHFA_enMX879MX879&oq=site%3AElpais.com+pasolini+futbol&gs_lcrp=EgZjaHJvbWUyBggAEEUYOTIGCAEQRRg60gEINjY2OWowajeoAgiwAgHxBT15i70XZq2n&sourceid=chrome&ie=UTF-8" data-link-track-dtm="">Pasolini cuando dijo, hace ya unas cuantas décadas, aquello de que el juego del balón era la última representación sagrada, el último gran rito que nos queda.
Casi tan rituales han sido también las publicaciones de Villoro (Ciudad de México, 69 años) sobre fútbol. Durante el Mundial de Argentina de 1978 escribió un cuento acerca de un aspirante a delantero que se debate entre su novia o el Estadio Azteca. Para Italia 90, un periódico le mandó a Roma a que hiciera reportajes sobre lo que pasaba fuera de la cancha, los márgenes del fútbol. Luego, coincidiendo con otros dos Mundiales, ha ido publicando libro, Dios es redondo (2006) y Balón dividido (2014), dos obras canónicas de la literatura balónpédica reeditadas ahora por Planeta. ¿Habrá un cuarto? Sentado en una sala de las oficinas de la editorial, su respuesta es otro guiño al metafútbol: “No creo que yo sea como Roger Milla”, dice en referencia al legendario delantero camerunés que batió dos veces el récord de jugador más veterano en anotar en un mundial.






