En mi gremio la risa está muy mal vista, pero el llanto y el cabreo confieren prestigio

En mi gremio se lleva mucho llorar. La risa está muy mal vista, pero el llanto y el cabreo confieren prestigio. Entre los escritores, la gloria máxima es que te coloquen una cabeza de bronce en la esquina de una plaza de tu pueblo. Ningún autor aspira a que lo lean: lo que de verdad quiere es que se le caguen encima las palomas. Y la única forma de preservar la dignidad mientras te chorrean excrementos por la frente es posar con gesto severo o triste. Nadie se tomaría en serio la estatua de un escritor que se troncha de risa mientras le llueve mierda. Los paseantes lo tomarían por imbécil, y nadie venera a un imbécil, por muchas novelas geniales que escriba. ...

El lamento más recurrente entre los escritores de hoy llora la irrelevancia de la literatura. Pasean por las plazas viejas de las viejas villas de la vieja España y sienten una punzada de envidia ante los bustos cubiertos de palomina y óxido de los escritores de antaño: a mí no me harán uno, piensan. Al paso que vamos, las palomas de mañana defecarán sobre presentadores y youtubers andorranos. Los escritores —lloran muy serios— ya no importamos. Si salimos por la tele, siempre es a deshoras y en el canal que nadie ve.