Se amontonan los casos en los que la actualización del ‘Libro de Estilo’ resulta urgente
Si EL PAÍS hubiera informado el Domingo de Resurrección, que hoy conmemoran los cristianos, de la muerte y posterior vuelta a la vida de Jesucristo, no me cabe duda de que el titular diría algo así: “Un joven de 33 años crucificado y dado por muerto en Judea aparece vivo tres días después”. Sin embargo, ni Jesús de Nazaret estaba en una fase inicial de la vida para su época, ni esa descripción cumpliría con el Libro de Estilo, que recoge los usos del periódico. Este afirma que “joven” solo debe emplearse para personas que tengan “entre los 13 y los 18 años” —de la adolescencia a la mayoría de edad— y recomienda “evitar expresiones tan desafortunadas (y frecuentes) como ‘una jov...
en de 33 años”.
Pese a ello, la hemeroteca contiene innumerables ejemplos de incumplimientos del manual. En las noticias de Noelia Castillo, la mujer parapléjica que vivió un calvario judicial para acogerse a la eutanasia, ella aparece descrita como “la joven de 25 años”. O en la del último fallo del Tribunal Supremo sobre el Pequeño Nicolás, donde se le cita con el mismo término, pese a que ronda los 32.
“El uso tan restringido de ‘joven’ (para una franja de edad que ahora se define mejor como adolescente) supone una limitación importante a la hora de aportar información”, afirma Javier Salas, redactor jefe de Sociedad. “Se produce un cortocircuito entre lo que expresa esa palabra según el Libro de Estilo, y lo que entiende ahora el público lector, que con total seguridad amplía hasta los 30 la horquilla de años que engloba el término”.






