El linchamiento sigue de moda en las redes, con la periodista Analía Plaza como una de sus víctimas recurrentes por un libro sobre la historia de los ‘boomers’

El resentimiento es traicionero. No quieres darle cobijo, pero algunos episodios quedan grabados a fuego. Como aquel día, ya pasados los 30, cuando después de una jornada de 15 horas, un señor te suelta que el periodismo es un sacerdocio y que hay que sudar ―rollo “la fama cuesta”― si quieres abrirte hueco. Léase: que te contraten por un sueldo digno. Me lo dijo un hombre de la generación del baby boom con cuyo sueldo se podía contratar a tres millennials como yo, que llevábamos una década picando piedra.

Anécdotas de este tipo las hay a porrillo y aunque el compañero en cuestión no era responsable de la política de recursos humanos de la empresa en la que trabajaba, sí lo era de la falta de conciencia de esa brecha que nos separaba. Una brecha similar a la que me separa a mí de quienes llegaron más tarde, y que lo tienen aún más difícil para pagar cada mes el alquiler o, ya no digamos, una hipoteca.

De todo ello habla la periodista Analía Plaza en su libro La vida cañón: la historia de España a través de los boomers (Temas de hoy) donde repasa el contexto histórico, único, que hizo que los nacidos entre los mediados de los 50 y los 70 en España hayan prosperado, vivido mejor que sus padres, y, probablemente, mejor que sus hijos. Un libro lleno de datos, de testimonios, de expertos, de historias (¡viva la energía de divorciada!) donde retrata algo incontestable: la evolución económica de nuestros padres ―que muchas veces emigraron de pequeños, habitaron en infraviviendas, se emplearon en lo que fuese y prosperaron, hasta tener casa, coche, e hijos universitarios― está a años luz del panorama que se dibuja ante los jóvenes actuales.