El ladrillo, convertido en el mayor depósito de riqueza del planeta, se ha transformado en el principal motor de exclusión
El ladrillo es territorio de contrastes: enriquece a unos y excluye a otros. Esta paradoja corrosiva ha crecido hasta límites inéditos, tan extremos que empiezan a sacudir los cimientos del Estado de bienestar. Ambas realidades resultan difíciles de ignorar. ...
De un lado, es la mayor reserva de riqueza del planeta. El parque inmobiliario mundial (viviendas, activos comerciales y terrenos agrícolas) alcanzó a comienzos de 2025 los 341 billones de euros, de los que 249 billones corresponden solo a la vivienda, según la consultora internacional Savills. La cifra multiplica casi por veinte el valor de todo el oro extraído en la historia y supera con holgura la suma de las Bolsas mundiales y la deuda global.
De otro lado, el acceso a la vivienda se ha deteriorado fuertemente en muchas economías desarrolladas hasta el punto de ser una causa directa de empobrecimiento y desigualdad. Así es en España, uno de los países europeos donde más se ha agravado el acceso a una vivienda, especialmente en el mercado de alquiler. “El 45% de la población sufre la crisis y más de cuatro de cada diez hogares no pueden afrontar gastos básicos. La economía crece, pero la pobreza se cronifica y la vivienda empuja a más hogares a la precariedad”, indican en Oxfam Intermón. Los datos recientes de Eurostat y estudios basados en la OCDE sitúan a España como uno de los países con mayores tasas de sobrecarga de costes de vivienda, es decir, demasiados ciudadanos destinan más del 40% de sus ingresos netos al pago del alquiler.






